Capitulo 1
Hogar
- Ya esta bien, no tiene ninguna gracia, déjame salir de aquí, ¿Nate? ¿Nate estas ahí?
Mi nombre es Nathan Zinder, tengo 13 años.
Yo perdí a mis padres poco después de nacer. Fue entonces cuando el viejo Seth me recogió. Nunca me habían querido hablar del tema, ya que cada vez que lo sacaba el viejo me contestaba esquivamente y siempre acababa cambiando de tema o inventando una excusa para marcharse; mi intuición apuntaba a que mis padres fueron asesinados.
Desde aquel día viajé con el viejo y su troupe de artistas itinerantes. Era una de las troupes más famosas de todo el continente de Aldera.
La vida de artista itinerante es bastante dinámica y alegre, pero a veces se hace dura porque no pasamos mucho más de un periodo en un mismo pueblo, el viejo decía que el buen artista nunca actúa dos veces en el mismo sitio.
Habían pasado ya 3 años desde que entre en la troupe y había aprendido teatro, malabares, trucos de magia y todo tipo de espectáculos.
Cuando apenas llevaba unos días viajando con ellos conocí a una niña llamada Lisanna, de mi edad, la única persona de mi edad que había.
Era simpática, pero también poco avispada, y eso me instaba a gastarle todo tipo de bromas. En esta ocasión la había encerrado en el cuarto de Golred, al que llamaban la masa. Toda la troupe sabia que Golred tenía mal despertar, y en ese momento, el estaba dormido en el cuarto con Lisanna dentro.
Lisanna siempre andaba con una sonrisa en los labios y por más bromas que le gastaba siempre volvía a mí
- Se que algún día me veras como te veo yo a ti – decía siempre después de que le gastara alguna de mis bromas.
Cuando le preguntaba sobre como me veía ella se limitaba a sonrojarse y salir corriendo avergonzada.
La verdad tengo que reconocer que era un negado para las mujeres, decidí que nunca las entendería.
- Venga Nate, déjame salir, por favor, te prometo que si me liberas te compensare – dijo Lisanna a través de la puerta cerrada.
- ¿Cómo piensas compensarme? – pregunte yo desconfiado
- Libérame y lo sabrás – dijo ella con un tono burlón
Pensé que se estaba tirando un farol, pero la curiosidad me venció y decidí abrir la puerta.
- Sabia que entrarías en razón, Nate – afirmo Lisanna mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios
- ¿Y bien? ¿Cuál es la compensación? – farfullé malhumorado
Lisanna volvió a sonreír y cuando me quise dar cuenta ella había comenzado a acercar sus labios a los míos.
Como ya antes afirme, era un autentico idiota en lo que a chicas se refiere. No se me ocurrió nada mejor que hacer que apartar a Lisanna de un empujón mientras se me subían los colores
- ¡¿Pero que haces, desvergonzada?! – es lo único que acerté a decir ya que un molesto tartamudeo se había apoderado de mi voz
- Te estoy dando tu compensación – dijo ella mientras volvía a acercar su cara a la mía.
- Déjalo, por favor, no la quiero, quédate tu maldita compensación – y diciendo esto salí corriendo por el pasillo.
La troupe viajaba en varios carromatos grandes tirados por dos caballos cada uno. El sonido de las campanas que provenía del primero de los carromatos significaba que habíamos llegado a un nuevo pueblo.
El viejo Seth les indico con un gesto de la mano a los demas que bajaran de los carromatos, incluidos nosotros.
Resulto ser un pequeño pueblo situado al pie de una alta montaña.
Era un pueblo peculiar ya que todo tipo de animales estaban vagando sueltos por medio de sus calles, las cuales, al igual que todos los edificios del pueblo, eran de un estilo muy primitivo. Había monos, caballos, perros y gatos, y otros animales, algunos de los cuales eran desconocidos para mí.
- Mira, Nate – me llamo Benny, el malabarista de nuestra troupe – eso que ves allí es un Ligazón, son animales escurridizos de una carne muy valiosa. Es raro que estén en mitad de un pueblo ya que se supone que no simpatizan con humanos.
De repente, un anciano cubierto de pinturas y semidesnudo, que tenía pinta de ser el alcalde, se acerco al viejo Seth. En ese momento me vino a la mente las historias de indios que solía escuchar de la mano de Nemu. Nemu era el hijo del viejo Seth, nos llevábamos 4 años de diferencia y nos habíamos convertido en lo más parecido a 2 hermanos. El anciano, al llegar a la altura del viejo Seth sonrió cordialmente.
- ¡Aia! – grito el anciano al tiempo que se golpeaba el pecho. Todo el pueblo lo imito. Poco después les seguimos nosotros.
Muchos pueblos tenían como costumbre un saludo específico. En ese momento recordé una historia que Nemu me contó. Era una historia de ciencia ficción sobre un país gobernado por un rey malvado llamado Hitler que obligaba a sus súbditos a saludar levantando su brazo derecho hacia delante. Nemu se pasaba horas contándome historias. Mi favorita era la historia sobre dos hermanos, Serís y Nathael, que al principio se amaron como si fueran un mismo ser, pero la semilla de Rucher, el demonio, corrompió el corazón de Serís y le hizo intentar matar a su hermano, este apenado recurrió a la ayuda del todopoderoso Ysuran, dios del universo, y encerró a su hermano en un árbol negro.
- Me alegra que hayáis llegado a tiempo. Esta noche será la gran fiesta y me gustaría que los tuyos hicierais vuestro espectáculo en dicha celebración. Mi nombre es Kalim. Por favor sentiros como en casa.
- Gracias, mi nombre es Seth, con mucho gusto aceptaremos su petición – dijo Seth mientras le daba un fuerte apretón de manos a Kalim
En ese momento alguien me toco el hombro. Era Lisanna.
- Nate ven, quiero enseñarte algo – me susurro mientras me tiraba del brazo.
Lisanna me llevo hasta el otro lado del pueblo. Era una zona totalmente despoblada de edificaciones, solo había un pedestal vació en el centro de ese gran claro.
- Lisanna, ¿armas tanto jaleo por un pedestal vació? – farfulle con tono cansado mientras me zafaba de un manotazo de la mano de Lisanna
- Ven, sube al pedestal
- ¿Para?
- Tu sube y cierra los ojos, te voy a dar un regalo – Esto ultimo lo dijo mientras le brillaban los ojos
- No pienso hacerlo – dije dándome la vuelta, pero Lisanna me agarro del brazo y me tiro hacia ella
- No te escaparas – sin que pudiera zafarme ella me agarro la cara y me planto un beso en los labios. Era un sabor dulce pero a la vez era amargo, una especie de escalofrió recorrió mi cuerpo y comencé a sonrojarme, he de decir que me gusto.
- ¿Por qué has hecho eso? – pregunte lleno de vergüenza, era evidente que era mi primer beso.
- Porque me apetecía – me dijo ella sonriéndome de forma traviesa
- Esa no es una razón convincente – gemí yo mientras me zafaba de ella con una violenta sacudida
La sacudida fue tan brusca que perdí el equilibrio y caí de espaldas. Cuando me levante me di cuenta de que había caído dentro del pedestal.
Antes de que pudiera reaccionar un cegador pilar de luz verde envolvió el pedestal, conmigo dentro
Cuando abrí los ojos creí que estaba soñando. Me encontraba en una ciudad dorada sumergida, pero no necesitaba oxigeno para respirar. Mire hacia el cielo y pude distinguir 5 lunas diferentes que representaban a las distintas fases de la luna, menguante, creciente, media, nueva y llena.
La calle en la que estaba era dorada en su totalidad, como el resto de aquel increíble lugar.
Me pare un momento a pensar en cuanto podría valer un edificio como el que estaba mirando, pero pronto desistí ya que las cifras le salían desorbitadas.
Decidí avanzar por la calle que tenia enfrente, pensé en buscar a alguien que me diera un mapa pero pronto comprobé que aquel lugar estaba vacío.
Al llegar al final de la calle vi lo que parecía ser un templo. A ambos lados estaban grabados símbolos que representaban a diversos animales, pero eso no era lo mas extraño de todo. El edificio estaba incrustado en un gran árbol negro. Ese árbol era lo único que desentonaba de lo demás. Todo era dorado y azul, excepto ese árbol…
Me vino a la mente de nuevo la historia de los dos hermanos que me contó Nemu.
Sin pensármelo mucho decidí entrar en el templo.
En cuanto puse un pie dentro de el me encontré en una sala totalmente dorada.
Tarde un rato en acostumbrarme al intenso brillo de las paredes, el suelo y el techo. Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz me di cuenta de que la sala estaba totalmente vacía excepto por una figura de pelaje blanco que caminaba sobre cuatro patas y estaba sentada con una pose imponente en el centro de la sala.
No tarde en comprobar que se trataba de un tigre blanco.
Nos miramos a los ojos durante un rato y durante ese tiempo nuestros corazones parecieron fundirse en uno solo.
Antes de que pudiera reaccionar el tigre se abalanzo sobre mi y atravesó mi pecho con su garra en medio de un fogonazo de luz, pero por razones que no alcance a entender, no sentí dolor, sino una extraña fuerza salvaje…
Me despertó un olor intenso a oxido, mezclado con un olor a quemado y a muerte. Repare en que me encontraba en el pedestal de nuevo y en que Lisanna no estaba a mi lado.
Entonces, al levantar la cabeza lo vi.…
El pueblo estaba ardiendo en refulgentes llamas verdes.
Fin del capitulo 1