martes, 10 de abril de 2012

La leyenda de los Chelders Cap 3

Cáp. 3
Determinación

Ascendí ágilmente por la pared valiéndome de las garras que mi poder me había conferido. Era un sentimiento extraño el que me invadía en esos momentos. Me sentía capaz de todo, invencible. Pero a la vez sentía un indescriptible miedo en mi interior. No sabia a que le temía exactamente, solo sabía que debía tener cuidado con ese poder.
Antes de que me diera cuenta estaba a la altura de la 1º jaula. Me impulse contra la pared usando mis patas traseras y de un gran salto me encaramé en la jaula.
Entonces vi el gran abismo que había bajo mis pies. Era todo oscuridad, no podía ver el fondo por más que tratase de escudriñar entre las sombras. Tras un rato decidí dejar de intentar medir la profundidad de ese insondable abismo.
Me centre en la jaula que tenia delante. Se trataba de un salto de 10 metros de longitud. Aun con mis recién adquiridos poderes felinos, podría calcular mal la distancia del salto y caer al abismo. Es evidente que si caía no sobreviviría a la caída.
Las dudas comenzaron a asolarme, después de la valentía con la que le hable a Aeolus resultaba que solo era un cobarde hablador. No estaba hecho para salvar a nadie, y menos a Lisanna.
Lisanna… es cierto, era por ella por quien luchaba. Recordé el olor a pelo quemado, el cadáver de Benny a mis pies, y la mirada de pesadilla de aquellos hombres, los Chelders, existían de verdad. ¿Tendría alguna posibilidad de hacerles frente con la mascara del viento?
Probablemente no. Mi moral fue disminuyendo, y note como mis poderes comenzaron a extinguirse mientras seguía suspendido en aquella jaula, transformándome en el débil chico de siempre.
Entonces recordé el último momento que pase con Lisanna antes de ir a aquel lugar dorado. Recordé aquel calido beso que me dio antes de caer al pedestal. Ahora me sonaba como una queda despedida.
Me subí a la parte superior de la jaula y tome una  firme determinación, salvaría a Lisanna costara lo que costara.
Con ánimos renovados zarandee la jaula moviendo la cadena que la fijaba al techo.
La jaula comenzó a balancearse de manera mas pronunciada cada vez. Cuando el balanceo fue lo suficientemente amplio, salte al tiempo que volvía a transformarme en tigre.
El espectacular salto cubrió de forma veloz la distancia que separaba las 2 jaulas, llegando con facilidad a la jaula siguiente.
Cuando mire hacia el frente vi que el corredor se extendía varios kilómetros a lo lejos de la misma manera, jaulas cada 10 metros y nada de suelo.
Al igual que cuando entre en el templo, no se por cuanto tiempo estuve repitiendo el proceso, tal vez unas horas, tal vez días…
Tenía las zarpas magulladas, me costaba respirar y todos los músculos y huesos de mi cuerpo me ardían a causa del exceso de uso de mi poder.
Cuando creí que no iba a poder continuar vi que de repente las jaulas desaparecían, frente a mi solo había un corredor vacío sin suelo en el cual apoyarme para seguir adelante.
Por si fuera poco, el cansancio había podido conmigo y había vuelto a mi forma humana.
La desesperación se fue apoderando poco a poco de todo mí ser.
Me encontraba suspendido en aquella jaula, había vuelto a mi forma humana y ante mí se extendía un interminable corredor con un pozo sin fondo por suelo.
Entonces volvió a mi mente la imagen de toda mi troupe asesinada, de los Chelders irguiéndose, amenazantes, frente a mí.
¿Qué podría hacer yo, un chico indefenso, contra aquellos seres de pesadilla? Había sido demasiado obstinado al pensar que los poderes que adquirí en aquel templo dorado serian suficientes para cumplir mi venganza ¿Cómo podría pensar en salvar a Lisanna si no podía si quiera salir de ese maldito templo?
De repente, me percate de algo que no había notado hasta entonces, el viento. Desde que la prueba había dado comienzo había soplado por aquel angosto pasaje un extraño viento. Era un viento muy suave. Si te quedabas quieto un rato y te concentrabas tal vez podrías conseguir notar cómo te mecía el pelo y te acariciaba la cara. Pero eso no era lo que lo hacía tan extraño.
A pesar de su suavidad, pude notar una extraña fuerza en ese misterioso viento. Una intensidad que fácilmente podría hacer volar a un pajarito que por allí pasase.
Entonces, las palabras de Aeolus inundaron mi mente: “Necesitaras ser un pájaro para salir con vida del templo”… Claro, ha eso se refería, no era una simple burla metafórica, me estaba explicando cómo usar ese viento a mi favor.
De todos es sabido que las aves usan las corrientes de aire para planear y volar por el aire, tal vez si yo trataba de hacer lo mismo me transformase en pájaro o algo, o simplemente, ese extraño viento me permitiese volar como si de un ave me tratase.
Sin pararme mucho mas a pensar en lo que hacía me arroje desde aquella jaula a aquel abismo sin fondo que se extendía bajo mis pies.
Comencé a caer rápidamente a una velocidad cada vez mayor. Note la fuerza de la gravedad atrayéndome hacia el abismo cada vez con más fuerza, todos mis músculos se estaban desgarrando a causa de la velocidad con la que mi cuerpo se precipitaba hacia el vacio.
De repente, a mi alrededor el aire se hizo más espeso, casi tangible, y la velocidad con la que estaba cayendo decreció un tanto. Una sonrisa triunfal afloro a mis labios.
Sin embargo esa euforia se desvaneció en seguida cuando ese viento amaino y comencé a caer a una velocidad mayor incluso que la que llevaba antes.
Una sensación indescriptible de vértigo y terror se apodero de mí.
Fue entonces cuando lo supe. Moriría allí mismo, en medio de ninguna parte. No podría salvar a Lisanna…
Lisanna…  me di cuenta en ese mismo instante que estaba totalmente enamorado de ella, la amaba. La amaba con toda mi alma, mas no volveria a estar con ella para decirle lo que sentía porque, como otros tantos aventureros, según había dicho Aeolus, moriría en ese maldito templo.
Con esos pensamientos en mi cabeza cerre los ojos y continue precipitándome por aquel abismo, rumbo a mi temido final.
Entonces todo se oscureció, había perdido el conocimiento…


-          O eres un idiota o eres un genio – me despertó la voz de Aeolus.
Al abrir los ojos me di cuenta de que me hallaba en la entrada del templo del viento, parece ser que, de alguna manera, había pasado la prueba.
-          ¿Qué ha pasado? – pregunte aturdido. Todo me daba vueltas y me sentía agotado. Aun me dolían todos los músculos del esfuerzo sufrido durante la gran caída.
-          Encontraste la salida del templo.
-          Recuerdo que estaba cansado de saltar entre las jaulas y entonces de repente dejaron de aparecer jaulas, y  entonces… salte al vacio.
-          Exacto, en eso consistía la prueba, la prueba del viento era una prueba de esperanza, si conseguías continuar sin rendirte y pensabas en todas las posibilidades, por muy locas o imposibles de realizar que estas te parecieran, terminarías reparando en que el inmenso abismo que tenias a tus pies no era otra cosa sino el portal de salida del templo. Has demostrado que no te rindes fácilmente y que o bien eres muy listo o bien eres un simple cabeza hueca que actúa por instinto, de cualquier manera hay algo que tengo que contarte antes de cederte el poder de la máscara de viento.
-          Desembucha
-          Se trata de tu pasado, ¿Recuerdas algo de tus padres?
¿Mis padres? Porque apelaba el oráculo del viento de repente a mis padres.
-          Nada, ni siquiera les conozco, el viejo Seth me conto que murieron hace mucho, pero nunca me llego a decir como murieron.
-          Nate, tras ver tu manera de actuar cuando llegaste al templo comencé a tener mis sospechas, pero cuando te vi transformarte en aquel tigre blanco todas mis sospechas se disiparon…
-          Lo del tigre blanco… simplemente me transformo cuando lo necesito, desde aquella vez que estuve en ese extraño lugar llamado Xeana…
-          ¿Has estado en Xeana? Entonces ya no cabe ninguna duda, eres uno de ellos.
-          ¿De que estas hablando? – Notaba que por momentos me estaba poniendo más nervioso. Aeolus me miro fijamente.
-          Eres un Xeario, realmente no eres de este mundo, sino de uno superior, del sitio donde estuviste aquella vez es del que procedes, y la razón por la que no sabes nada de tus padres es porque ellos murieron antes de que tu nacieras, ellos son parte del grupo de héroes que salvaron Aldera hace 30 años del cataclismo, supongo que habrás oído hablar de esa catástrofe
-          Si, fue una catástrofe de escala mundial, fue entonces cuando el mundo se separo en lo que ahora son los cuatro continentes, dicen que fueron unos demonios los que lo provocaron, pero que un grupo de 5 héroes con poderes increíbles les detuvieron antes de que consiguieran destruir por completo el corazón de la tierra, la Semilla de Ashera. Es una historia muy famosa.
-          Pues bien, Nate, tu padre no es otro que Tyrael, la persona que lidero aquel grupo. Tu padre era un Xeario, al igual que tu. Y eso no es todo, resulta que tú ya te has topado con los demonios de la leyenda…
-          ¡Los Chelders!
-          Exacto. Nate, debes detenerles antes de que consigan su objetivo, dirígete al sur, a las montañas Urklay, al poblado de Kulkan, es allí donde se encuentra el siguiente templo. Si recolectas el poder de todas las mascaras elementales tal vez tengas una oportunidad de destruir a los Chelders, también deberás aprender a manejar tu Xeaforma del tigre blanco a la perfección si quieres realmente tener posibilidades contra ellos.
-          Está bien, allí me dirigiré.
-          Antes de darte la máscara tengo una última petición que hacerte – me dijo ya con la máscara del viento en su mano – en algún lugar de Aldera viven los otros 4 Xearios de la leyenda, encuéntralos y haz que se unan a tu causa.
Y sin decir nada más me tendió la máscara del viento, antes de que me metiera en el portal de regreso, me despidió con un simple “Confió en que lo harás bien” y un saludo con la mano.
Cuando regrese a la aldea vi que los cadáveres seguían esparcidos por el suelo, pero los Chelders habían desaparecido.
En su lugar, solo había una figura erguida entre todos los muertos. Se trataba de Nemu…


Fin del Cap. 3



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